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El Oba de un pueblo o reino en particular, tenía y aún conserva un título especifico, usualmente peculiar a él. De esta forma, existen títulos como el Ooni de Ifé, el Alafin de Oyó, el Alake de Ake, el Owaabokun, de Ilesa el Awujale de Ijebu Ode, el Timi de Ede, el Alaketu de Ketu, el Orangur de Ilaa, el Ogiyan de Ejibo, el Akran de Badagry, el Oba de Lagos, etc.


ooniEstos gobernantes viven en el aafin (palacio).  Usan una corona hecha con cowries (Owo) o, posteriormente, con cuentas de distintos colores (Ileke), que tiene en su lado superior un cierto número de representaciones de aves con flechas a todo su alrededor, de forma que cubría el rostro del que la llevaba. Sus pantuflas (Bata), su abanico para espantar moscas (Irukere), el Ase (cetro) y la mayoría de los artículos que lo rodean para uso inmediato, eran hechos o decorados con cuentas de colores. Los oba de rangos menores, los que están en los pueblos que no constituyen capital de reinado, usan coronas hechas completamente de cuentas blancas (Seseo Fun).
Al oba se le elige entre las familias reales y se dice que las masas desempeñan un activo papel en su designación. Como jefe de gobierno, era considerado como rey divino. Su atributo era Oba, Alase Ekiji Orisa (rey, el gobernante y acompañante de los dioses). Se le trata de Kabiyesi expresión que se dice es una contracción de la oración Kiabiyinkosi, y que significa "no hay duda de que nadie le cuestiona su autoridad". Con el tiempo creció la costumbre de que solo podía haber un Oba en us pueblo. Como jefe ejecutivo del gobierno ejercía considerables poderes, en particular, sobre la gente común. Podía arrestar, castigar e incluso decapitar sin hacer juicios, pero etos poderes eran controlados por el Igbimo. El Oba y el Igbimo elaboraban leyes para todo el pueblo, la evolución de estas y la implementación de las decisiones tomadas eran responsabilidad del Oba, quien además contaba con una estructurada administración del palacio, para la que se servía de sus jefes y múltiples funcionarios. Este sistema de administración le permitía mantenerse vinculado con las masas del pueblo.


Entre otras funciones del Oba, que no dejaban de tener importancia, estaban la de controlar la celebración de los festivales y velar porque se cumpliera con los sacrificios necesarios. El ámbito religioso y de tabúes siempre enmarcó las funciones de este rango, teniendo en cuenta las creencias yorubas en seres sobrenaturales, en los orisas y el papel de los ancestros.
En la actualidad, se mantiene el papel tradicional de los oba en los pueblos yorubas, y aunque quizás no con la autenticidad de otros tiempos, si conserva el espíritu y la autoridad que emana de las tradiciones de estos pueblos.


Una acertada definición de lo que representa el Oba en Nigeria la encontramos en el libro Nigerian Life and Culture, cuando señala que este es, en el pensamiento filosófico yoruba, el símbolo vivo de la cultura del pueblo, el eslabón entre el pasado y el presente.

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Newsleeter Antonio Avila


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